EXAMEN DIAGNOSTICO EN ORTOPEDIA
MVZ Esp CARLOS SANTOSCOY MEJÍA
CONTENIDO
INTRODUCCIÓN
Identificación del paciente
Anamnesis
Examen en estática
Examen en dinámica
Palpación y manipulación
Fracturas expuestas
Luxación patelar secundaria
a traumatismo
Luxación patelar congénita
o del desarrollo
Unión Demorada o Falta de
Unión
Osteomielitis aguda
Osteomielitis crónica
INTRODUCCIÓN
La principal obligación del Veterinario
una vez que ha aceptado atender a un paciente, es
la de establecer un diagnóstico, un pronóstico
y una terapia acertada. Para eso el diagnóstico
comprende la colección de información
acerca del animal y su análisis para emitir
una hipótesis que explique el problema del
sujeto. Para llegar a un diagnóstico se requiere
de un amplio conocimiento médico, además
de experiencia para determinar el tipo de pruebas
necesarias, en donde se incluyen la historia y el
examen físico, laboratorio, radiología
y otros procedimientos. Una sola fuente de información
no es suficiente para lograr un diagnóstico
adecuado. El examen físico es esencial para
lograr un diagnóstico acertado. Hay que recordar
que la información obtenida al recabar la historia
clínica y el examen físico no puede
ser sustituidos por las pruebas de laboratorio.
La práctica médica no es una ciencia
exacta, lo cual indica que el factor humano ocupa
un lugar preponderante en su ejercicio, por lo que
ciertas habilidades humanas deber ser perfeccionadas
y la más importante en éste sentido
es el poder de atención (proceso activo que
requiere de un pensamiento consciente continuo) que
es la concentración mental en un pensamiento
o en un objeto (el propietario del animal durante
el interrogatorio o el animal mismo en el examen ortopédico).
Esto puede parecer simple pero pocos médicos
logran desarrollar esta habilidad al 100%.
Un examen ortopédico se inicia por la toma
de la historia clínica (anamnesis) y se continúa
con un examen físico metódico y completo.
La realización de un examen sistemático
(igual en todos los casos) disminuye la posibilidad
de pasar por alto la existencia de problemas múltiples
y así diagnosticarlos adecuadamente.
Es necesario que el veterinario establezca un vínculo
de confianza y por lo tanto un canal eficiente de
comunicación con el propietario del animal
a revisar. Lo anterior se logra permitiendo que el
propietario describa con sus propias palabras los
problemas que él cree detectar en su animal.
Todos los datos pertinentes de la interrogación,
de la identificación y del examen físico
deben de registrarse de una manera lógica y
concisa.
Identificación del paciente
El veterinario debe tomar en cuenta
la especie, la raza, la edad y el sexo, esta información
es vital para lograr diagnósticos acertado,
ya que el conocimiento de la prevalencia de las enfermedades
por las características anteriores incrementa
en gran medida la capacidad diagnóstica del
clínico; es obvio que existen enfermedades
que son propias de una especie, la edad identifica
a grupos de población que tienen predisposición
a cierto tipo de afecciones, por ejemplo: los animales
jóvenes presentarán enfermedades propias
del desarrollo (osteocondrosis, falta de unión
del proceso ancóneo, etc.), mientras que los
animales adultos o viejos sufrirán enfermedades
de tipo degenerativo o neoplásico. La raza
determina la presencia de afecciones de origen hereditario
como la luxación patelar medial en razas miniatura,
la osteocondrosis, la displasia de cadera, etc., o
secundarias a la conformación por ejemplo la
ruptura de ligamento craneal cruzado en el rottweiller
y en el chow-chow. En cuanto al sexo encontramos diferencias
en la prevalencia de las patologías, por ejemplo
los macho son más afectados que las hembras
en los procesos neoplásicos, en panosteitis,
en osteocondrosis, etc.
Anamnesis
Es importante recabar las características inmediatas
de la evolución clínica del animal,
sin embargo siempre se debe tener en mente que el
propietario puede emplear términos médicos
en forma inadecuada y confundir al clínico
si este no es crítico con lo que está
escuchando. Algunos propietarios pueden mentir deliberadamente
si tienen sentimiento de culpa acerca del problema
que aqueja al animal.
Las preguntas deben elaborarse una a la vez, dando
tiempo para que el propietario responda completamente
para elaborar una nueva pregunta. Con un lenguaje
que sea comprendido completamente por el propietario,
de lo contrario se obtendrán respuestas en
su mayoría negativas.
Debe evitarse a toda costa la idiolépsis (visión
de túnel) que consiste en centrar nuestra atención
en un problema obvio sin revisar en su totalidad al
paciente. Este problema es muy frecuente sobre todo
en la práctica de la traumatología donde
las fracturas son muy aparentes y por lo que en ocasiones
se pasan por alto problemas que ponen en peligro la
vida del perro o comprometen su pronóstico.
No es de gran importancia el orden en el cual se realice
un examen diagnóstico, siempre y cuando se
haga completo. Tampoco es de gran importancia la forma
en que se haga y lo más seguro es que existan
tantas formas de realizarlo como veterinarios existen;
lo más importante es desarrollar una técnica
de exploración que se pueda aplicar a todos
nuestros pacientes. Cuando hallamos logrado lo anterior
tendremos una forma sistemática de exploración
y lo único que habrá que cuidar es que
siempre sea completa, evitando al cumplir estos requisitos
omitir problemas que puedan alterar el diagnóstico
y/o el pronóstico de nuestro paciente.
Cuando se considera que el interrogatorio a sido suficiente
se continúa con los siguientes pasos del examen.
Examen en estática
Consideramos de mayor provecho iniciar el examen físico
por la observación del paciente en estática,
lo cual se realiza en el piso, observando las características
de conformación y de posicionamiento de nuestro
paciente. La observación se hace tomando en
cuenta las características raciales y las individuales
como puede ser la presencia de obesidad. Se debe observar
la simetría y armonía de los miembros
en lo referente a su posición, masas musculares
y articulaciones.
En estos casos se pueden apreciar desviaciones, malformaciones,
edema, inflamación, atrofia muscular, anormalidades
en la forma de colocar de los miembros, etc.
Examen en dinámica
Cuando el clínico ha quedado satisfecho de
sus observaciones en el animal en estática,
entonces se pide al propietario que se desplace con
su animal de tal manera que podamos observar las características
de su desplazamiento.
El examen en dinámica se efectúa caminado,
al trote o incluso a la carrera, se debe de realizar
inicialmente en una superficie plana y no resbaladiza
y solo en casos en difícil diagnóstico
se realiza en una superficie irregular; con obstáculos
o en la escalera. El clínico debe apreciar
al paciente alejándose, acercándose
y por ambos flancos.
El examen en dinámica evalúa tres parámetros:
La locomoción o sea la capacidad para desplazarse
de un lugar a otro; en esta prueba se determina la
integridad del sistema musculoesquelético y
se observa principalmente si el animal distribuye
en forma simétrica el peso en los cuatro miembros,
si existe claudicación, identificando el miembro
afectado. En gran cantidad de ocasiones el movimiento
de la cabeza nos indica en que miembro está
el problema; si la claudicación se presenta
en alguno de los miembros torácicos, obviamente
se observa acortamiento del paso, y al intentar el
apoyo con el miembro afectado la cabeza se desplaza
dorsalmente en forma brusca. Cuando la afección
se localiza en los pélvicos, el animal camina
con la cabeza pro debajo de la línea dorsal
intentando desplazar el centro de equilibrio hacia
la parte craneal de su cuerpo.
Se considera que el centro del equilibrio en el perro
se localiza a la altura de la vértebra T10.
La claudicación se gradúa dé
acuerdo con la siguiente tabla:
Grado I apenas perceptible
Grado II notable pero apoya el miembro afectado
Grado III apoya el miembro afectado solo para equilibrarse
Grado IV no apoya y mantiene el miembro en flexión
El siguiente parámetro evalúa
la integración del aparato locomotor con los
nervios periféricos, por medio de observar
la capacidad del paciente para adaptarse en forma
inconsciente a las irregularidades del terreno sin
tropezar.
Y finalmente se prueba el equilibrio donde se evalúa
la integración completa del musculoesquelético
con la totalidad del sistema nervioso. En este caso
se pide que el animal se desplace y cambie de dirección
en forma brusca observando si lo logra sin perder
el equilibrio.
En todas las pruebas anteriores se pide al propietario
que camine al perro, si se tiene duda acerca de los
hallazgos se pide que el animal se desplace al trote
lo cual acentuará los problemas encontrados.
En resumen además de observar si el animal
claudica se debe apreciar si no existe otra anormalidad
como arrastrar los pies, apoyar con los nudillos,
circonducción, hipermetría, ataxia,
cruzar los miembros, etc.
Cuando el clínico considera que
el examen en dinámica a aportado el máximo
de su información se procede a realizar la
exploración en estática (palpación
y manipulación).
Palpación y manipulación
La palpación se define como "la aplicación
de los dedos con cierta presión sobre una superficie
de un cuerpo con le propósito de determinar
su consistencia".
Como ya se mencionó, el orden de la exploración
no es de gran importancia pero el clínico debe
desarrollar y perfeccionar una técnica que
le permita disminuir al máximo las omisiones.
Lo ideal, para que el examinador se forje una idea
de lo normal en un paciente en particular es iniciar
por el miembro contralateral sano, de la parte más
distal hasta la más proximal, repitiendo el
examen en el miembro afectado. Es muy importante que
se individualice la zona a explorar ya que si se generaliza
la palpación o manipulación se pueden
tener resultados confusos o equivocados.
El paciente se coloca en recumbencia lateral para
examinar completamente sus miembros y corroborar los
hallazgos del examen en estática y en dinámica.
El animal se mantiene bajo contención manual
y solo en casos muy especiales de practica la contención
química.
La mayoría de los procedimientos efectuados
para detectar anormalidades en las articulaciones
y estructuras musculoesqueléticas, así
como aquellas necesarias para determinar alteraciones
neurológicas no son dolorosas en los animales
normales.
Inicialmente se debe palpar en forma gentil de tal
manera que el animal entienda que no se le desea lastimar;
si no se obtiene respuesta dolorosa se incrementa
la fuerza en la palpación.
Miembro torácico
Uñas y falanges
Inicialmente se separan los dedos del animal y se
examina la piel interdigital, observando si no existen
áreas enrojecidas o inflamadas, la presencia
de masas, laceraciones, pododermatitis, deformaciones
congénitas, ulceraciones o cuerpos extraños.
Se aprecia el rango de movimiento de las articulaciones
interfalangeanas y metacarpofalangeanas inicialmente
en flexión (ya que es lo menos molesto) y posteriormente
en extensión completa, determinando si existen
signos de dolor, inflamación y crepitación.
Se efectúa tensión lateral y medial
en cada articulación para determinar la integridad
de los ligamentos colaterales.
Las articulaciones metacarpofalangeanas se examinan
de manera cuidadosa ya que en ocasiones pueden tener
la respuesta en una claudicación crónica
que a eludido el diagnóstico. Un problema común
es estas articulaciones es la fragmentación
de los sesamoideos palmares, que se presenta con mayor
frecuencia en el rottweiller y está asociado
a inflamación, dolor y disminución de
su rango de movimiento.
Metacarpo y carpo
El carpo y el metacarpo se palpan buscando signos
de inflamación y de dolor, las fracturas del
metacarpo son más comunes que las del metatarso.
Los signos clínicos dependen de la gravedad
de la fractura y de su grado de desplazamiento. La
inflamación de los tejidos blandos puede ser
mínima si la fractura no está desplazada
o no afecta a más de un hueso.
En fracturas crónicas del carpo, la fibrosis
periarticular se aprecia como si fuera un engrosamiento
de la cápsula y es fácilmente detectable
en conjunto con la sinovitis presente. En casos crónicos
de luxación podemos observar que el paciente
apoya acusando la deformidad secundaria al daño
ligamentos ejemplo: si existió daño
al ligamento colateral medial el perro apoyará
en valgus, si el daño es en la concha palmar
el apoyo será en hiperextensión.
Si los fragmentos de la fractura son grandes y desplazados,
el dolor y la crepitación se hacen evidentes
a la manipulación de la articulación.
La efusión articular se detecta fácilmente
por palpación en la superficie dorsal y es
indicativa de osteoartritis, fracturas y ruptura o
elongación de ligamentos. Si la parte distal
del radio no es fácilmente detectable con el
carpo a 90º nos indica la presencia de efusión
articular.
La pérdida o incremento en el rango de movimiento
del carpo nos indica enfermedad de esta estructura.
El rango de flexión y extensión se aprecia
manteniendo fijo la parte distal del antebrazo y el
carpo se mueve buscando signos de dolor. La extensión
del carpo está limitada a 10º; la hiperextensión
esta asociada a la ruptura del ligamento del fibrocartílago
palmar. Esta es una de las lesiones del carpo más
frecuentes y se asocia a saltos o caídas. Los
animales afectados presentan claudicación de
grado IV, especialmente en los primeros días,
posteriormente la claudicación disminuye paulatinamente.
Si forzamos el apoyo con el miembro afectado se aprecia
hiperextensión del carpo y en casos severos
el cojinete del accesorio del carpo toca el suelo.
La pronación y la supinación del carpo
son normales cuando la articulación se mantiene
en flexión, pero ambos movimientos casi disminuyen
cuando la articulación se extiende.
Para determinar la normalidad de los ligamentos colaterales
se aplica tensión medial y lateral. El ligamento
colateral medial (radial) se daña con más
frecuencia que el lateral (ulnar), debido a que está
en constante estrés por las características
de posición estática del perro, donde
la mano se mantiene en una ligera posición
en valgus. El área de inestabilidad se localiza
fácilmente por palpación y la integridad
de los ligamentos colaterales se determina colocando
al carpo en posición forzada en varus o en
valgus. Si el desplazamiento evidente es en valgus,
indica daño al ligamento colateral medial (radial);
si es en varus el afectado es el ligamento colateral
lateral (ulnar). La palpación del carpo contralateral
es necesaria para determinar los desplazamientos anormales.
Radio
La presencia de atrofia muscular, inflamación
o dolor se determinan por palpación. Los perros
jóvenes con frecuencia presentan dolor a la
palpación ósea debido a la panosteitis.
Las neoplasias óseas que afectan al radio se
localizan en el tercio distal del mismo.
Codo
Los perros que presentan fragmentación del
proceso coronoides manifiestan un andar rígido
y claudicación, siendo en la mayoría
de los casos pacientes entre los cuatro y siete meses
de edad. En casos de afección unilateral, el
propietario puede referir periodos variables de claudicación,
mientras que en los casos de presentación bilateral
la observación en dinámica permite detectar
un acortamiento de los pasos así como una ligera
aducción de los miembros torácicos.
Muchos perros no son presentados ente el médico
veterinario hasta que tienen más de 9 meses
de edad, en esos casos y sobre todo aquellos donde
la afección es bilateral, la patología
es más difícil de reconocer. Con frecuencia
se observa rotación interna del codo y rotación
externa (supinación) del carpo. En la manipulación
se manifiesta dolor tanto a la flexión como
a la extensión. Siempre se debe tener cuidado
de aislar los movimientos articulares.
La efusión articular es variable y usualmente
se observa en los casos más avanzados como
una ligera inflamación localizada entre el
epicóndilo lateral de humero y el olecranon.
Los pacientes que sufren falta de unión del
proceso ancóneo, regularmente son presentados
a consulta entre los 5 y los 12 meses de edad. En
los casos afectados en forma bilateral puede no hacerse
evidente la claudicación, siendo que el signo
más frecuente es la claudicación de
grado II o III que se exacerba con el ejercicio. Igualmente
se puede observar que el perro disminuye su rango
de movimiento del codo durante el paso mientras que
el carpo se aprecia en rotación externa.
A la palpación se aprecia atrofia muscular,
dolor, engrosamiento de la cápsula y derrame
articular. En casos avanzados se observa rigidez de
la articulación debido a la enfermedad articular
degenerativa.
Los hallazgos en los animales que sufren luxación
de codo, incluyen claudicación de IV grado
con marcada inflamación de la región
del codo. El miembro torácico se mantiene con
el codo ligeramente flexionado y en adducción
pero con el antebrazo en abducción y rotado
externamente. Esta posición la encontramos
también en pacientes que sufren contractura
del infraespinoso, aunque esta condición es
fácilmente diferenciable por la disminución
del rango de movimiento y el dolor a la manipulación
que existen en la luxación y que están
ausentes en la contractura del infraespinoso.
El desplazamiento lateral del radio y de la ulna es
prominente lo que le da la apariencia la apariencia
al codo de estar alargado, también el olecranon
se observa lateralizado. La función neurológica
es normal y se determina por la presencia de sensibilidad
superficial y reflejo flexor presente. Los pacientes
con luxación crónica del codo demuestran
menos dolor y la crepitación sugiere la presencia
de artrosis degenerativa secundaria.
Posterior a una reducción de luxación
de codo se evalúa la integridad de los ligamentos
colaterales de la articulación, lo cual se
hace por medio de la técnica de Campbell: el
codo se flexiona a 90º al igual que el carpo.
Entonces por adducción y abducción del
metacarpo, se rota al radio y a la ulna lateral y
medialmente, manteniendo fijo el húmero. Si
los ligamentos están intactos la rotación
lateral máxima es de 45º y medial de 70º.
Si el ligamento colateral medial esta roto o avulsionado
el movimiento lateral del metacarpo se puede producir
hasta 90º; si el ligamento lateral está
dañado la rotación medial será
hasta de 140º.
La luxación congénita de codo se presenta
en perros de raza pequeña como fox terrier,
pomerania, pequinés, etc. La forma clásica
de la enfermedad afecta a cachorros de 4 a 22 semanas
edad y se caracterizan por mantener a la articulación
del codo en completa flexión y rotación
externa de la ulna e interna del antebrazo (pronación).
Con afección bilateral los miembros torácicos
casi se cruzan y el perro apoya con la cara caudomedial
de los codos y antebrazos. La palpación revela
desplazamiento lateral del olecranon y del tendón
del tríceps así como severa a moderada
atrofia muscular. El dolor y la crepitación
generalmente están ausentes; en ocasiones se
observa ulceración de la piel debido al apoyo
anormal con los codos.
La luxación caudolateral de la cabeza radial
es otra presentación de la luxación
congénita en donde los cachorros afectados
presentan ligera supinación del antebrazo y
que en ocasiones es inexistente; sin embargo el carpo
sí presenta deformación en valgus: la
presencia de claudicación es inconsistente
y menos severa que en los perros menos afectados por
luxación lateral de la ulna. La cabeza del
radio se palpa en la cara lateral del codo. El dolor
y la crepitación articular no están
presentes.
Húmero
La palpación del húmero tiene por objeto
determinar la presencia de dolor, inflamación,
crepitación, etc. La inflamación del
tercio proximal puede ser indicativa de fractura o
neoplasia ósea. La axila se palpa en la búsqueda
de masas o dolor; los animales con neoplasia del plexo
braquial se presentan usualmente con claudicación
progresiva crónica, atrofia muscular y déficits
neurológicos. La avulsión del plexo
braquial ocasiona claudicación severa con atrofia
aguda de la masa muscular además de las deficiencias
neurológicas concomitantes.
Hombro
Los perros afectados por osteocondritis de la cabeza
del húmero presentan diferentes grados de claudicación
que tiende a empeorar con la actividad física
y presenta mejoría con el reposo. Durante el
paso se observa acortamiento en los desplazamientos
del miembro torácico afectado, debido a la
resistencia del perro a flexionar la articulación,
lo que da la impresión de que el animal se
desplaza sobre la punta de los dedos. De igual manera
se aprecia un desplazamiento dorsal súbito
de la cabeza cuando el miembro afectado es apoyado
y baja cuando el peso está sobre el miembro
contralateral. Si el problema es bilateral el balanceo
de la cabeza puede no ser evidente.
A la manipulación del hombro el paciente revela
dolor a los movimientos de flexión. La mayoría
de los perros normales toleran la flexión y
la extensión completa de la articulación,
sin embargo los perros afectados por osteocondrosis
de la cabeza humeral, típicamente se resisten,
retirando el miembro o vocalizando la articulación
del hombro se flexiona. La manipulación del
hombro puede exacerbar la claudicación.
Puede observarse ligera atrofia de los músculos
supraespinoso, infraespinoso y deltoideo y se reconoce
por la prominencia de la espina de la escápula.
La efusión articular y la inflamación
son difíciles de apreciar debido a la masa
muscular que circunda a la articulación. La
presión directa sobre el tendón del
bíceps braquial puede ocasionar cierta incomodidad
debido a la sinovitis que se extiende hasta la vaina
del tendón bicipital, otras posibilidades diagnósticas
con este hallazgo son: ruptura del tendón,
tendinopatía calcificante; si el problema es
ruptura del tendón se puede incrementar el
rango de extensión del codo.
Se aplica tensión medial y lateral para determinar
el estado de los ligamentos colaterales.
En pacientes con luxación lateral del hombro,
el miembro afectado presenta claudicación de
IV grado y el carpo se mantiene en rotación
interna. A la manipulación se aprecia dolor
y crepitación del hombro y el tubérculo
mayor se palpa lateral a su posición normal,
si intentamos reducirlo a su posición, regresa
a la estación primaria. Es necesario realizar
un examen neurológico completo para detectar
la presencia de problemas en el plexo braquial. Si
la luxación es intermitente se necesita un
estudio radiográfico en estrés para
demostrar la inestabilidad articular. Ocasionalmente
la rotación interna y la extensión están
disminuidas debido a contractura del infraespinoso.
En la luxación medial normalmente se ven afectados
perros de razas pequeñas, en los que se considera
un problema congénito, pero también
se puede presentar en perros de razas grandes donde
normalmente es secundaria a eventos traumáticos.
Los pacientes con luxación medial secundaria
a traumatismo agudo, mantienen el miembro torácico
en flexión y el carpo en rotación lateral.
A la manipulación se aprecia dolor a la extensión
y el tubérculo mayor se aprecia medial a su
posición normal, logrando desplazarlo constantemente
a esa posición. Los perros con luxación
congénita crónica pueden no manifestar
dolor.
Escápula
Debido a la protección del tórax y a
la musculatura lateral, las fracturas de la escabulla
difícilmente se observan desplazadas por lo
que las deformaciones de esta zona son poco frecuentes.
Las anormalidades en el apoyo son variables encontrando
diferentes grados de claudicación dependiendo
de la severidad de la fractura y de su localización.
La atrofia muscular debido a cualquier problema crónico
(más de 3 ó 4 semanas) se detecta fácilmente
al observarse que la espina de la escabulla y el acromion
se hacen más evidentes.
La palpación se efectúa observando la
normalidad de la espina, el acromion y la tuberosidad
supraglenoidea, determinando sus relaciones anatómicas.
Es común provocar dolor y detectar crepitaciones
así como desplazamiento de la espina si se
presentan fracturas en esa zona.
En las fracturas del cuello de la escápula,
de la tuberosidad supraglenoidea y del glenoide la
crepitación puede producirse al realizar movimientos
de flexión y extensión del hombro.
Miembro pélvico
Uñas y falanges
La exploración de la parte más distal
del miembro es similar a la efectuada en el torácico.
La fragmentación de los huesos sesamoideos
ocurre con menor frecuencia que en el miembro torácico.
Tarso y metatarso
La palpación del metatarso tiene por objeto
detectar dolor, inflamación y crepitación.
La efusión de la articulación talocrural
se detecta más fácilmente en las zonas
caudolateral y caudomedial. La efusión distal
en el tarso se evalúa mejor en la parte dorsal.
La articulación del tarso se compone varias
articulaciones llamadas colectivamente tarso. El diagnóstico
de una claudicación en esta área normalmente
no representa un gran problema en casos severos, pero
en casos leves puede ser muy elusivo.
Si el dolor es agudo la claudicación será
de grado IV manteniendo en flexión las articulaciones
coxofemoral y la de la rodilla. Con claudicación
grado I o II la coxofemoral y la rodilla se mueven
de una manera normal al avance, pero se observa resistencia
a apoyar en estática.
Los perros afectados por osteocondrosis de la articulación
tibiotarsiana presentan anormalidades al caminar (100%),
con claudicación intermitente (50%) o con claudicación
persistente (42%). La claudicación se hace
más pronunciada con el ejercicio, aunque en
ocasiones es más pronunciada posterior a un
periodo de descanso. Con frecuencia pacientes afectados
en forma bilateral presentan claudicación unilateral.
El tarso afectado se mantiene en hiperextensión
lo que da al perro una apariencia de tener una conformación
recta de la rodilla hacia abajo.
La palpación se efectúa cuidadosamente
en cada uno de los huesos, las articulaciones se estresan
mediolateralmente, dorsoplantarmente y en planos de
rotación. La determinación de la normalidad
de los ligamentos colaterales se efectúa tanto
en flexión como en extensión ya que
el daño causado únicamente al componente
corto del ligamento puede no detectarse si la articulación
se explora solo en extensión. La palpación
es más dolorosa y la inestabilidad se aprecia
mejor con la articulación en extensión;
la compresión es patológicamente dolorosa
cuando se realiza a 90º de flexión.
El rango de flexión y de extensión se
evalúa tomando firmemente el metatarso y la
tibia distal y se puede apreciar disminuido principalmente
en procesos crónicos.
La superficie plantar se inspecciona cuidadosamente
durante la flexión para detectar inestabilidad.
La subluxación de la articulación calcaneo-cuartal
es la inestabilidad más común en esta
zona. La inflamación sobre la tuberosidad calcánea
puede indicar daño al mecanismo del tendón
de Aquiles o alteración en la inserción
del tendón del músculo digital superficial.
La normalidad del mecanismo del garstrocnemio se determina
observando el rango de flexión de la articulación.
Los perros con alteración en esta estructura
tienen un rango de flexión mayor.
Tibia
Durante la palpación de la tibia el médico
veterinario debe buscar evidencia de atrofia muscular,
dolor óseo o deformidades en el área.
El dolor a la palpación puede ser indicativo
de panosteitis en perros jóvenes o de fractura
en general. La sola inflamación en el tercio
proximal o en el distal puede señalar la posibilidad
de neoplasia en perros viejos.
Rodilla
Inicialmente se observa en estática al paciente
para detectar cambios en la postura o anormalidades
en la conformación. Si observamos unas rodillas
o articulaciones tarsotibiales muy rectas así
como genu valgum o varum, nos puede dar pistas importantes
para diagnosticar las posibles anormalidades presentes
en un paciente. Si el animal es capaz de desplazarse
podemos determinar la presencia de anormalidades ambulatorias
observando la distribución del peso en los
cuatro miembros, desplazamientos y angulaciones de
las articulaciones al caminar.
Cuando un perro presenta ruptura del ligamento craneal
cruzado podemos observar en estática flexión
de la rodilla y ligera rotación interna de
la tibia. Al caminar detectar diferentes grados de
claudicación: desde grado I o II si el problema
es crónico hasta II o IV si es agudo. En algunas
rupturas crónicas de ligamento es posible escuchar
un "click" cuando el paciente se desplaza,
esto indica daño al menisco principalmente
medial.
La palpación del paciente puede iniciar aún
cuando se encuentre de pie. Los miembros pélvicos
se palpan simultáneamente para identificar
atrofia muscular, dolor, inflamación u otras
anormalidades en la anatomía.
En perros que sufren de osteocondrosis de la rodilla
el signo encontrado con más frecuencia es la
claudicación insidiosa que se exacerba con
el ejercicio. Se puede encontrar dolor en la articulación,
efusión, reducción del rango de movimiento,
crepitación y atrofia de los músculos
del fémur. La claudicación puede ser
unilateral o bilateral, de igual manera puede ser
ligera e inaparente sobre todo en los casos donde
el peso se distribuye hacia el miembro contralateral
sano o si la lesión la lesión no está
ubicada en la zona de contacto o crítica para
el apoyo.
El perro con ruptura crónica del ligamento
craneal cruzado, puede presentar atrofia del cuádriceps,
aumento palpable de la cápsula articular, principalmente
en la cara medial y posiblemente desplazamiento craneal
de la cresta tibial. La posición y delineamiento
de la patela y del ligamento patelar también
se identifican con el paciente de pie.
Para la manipulación de la articulación
el paciente se coloca sobre la mesa en recumbencia
lateral con el miembro afectado en la parte superior.
La rodilla se palpa para determinar si existe incremento
fibrótico de la cápsula articular, lo
cual es indicativo de problemas crónicos o
si se trata de efusión articular lo cual es
típico de problemas agudos. La fibrosis puede
ser difícil de diferenciar de la efusión;
sin embargo al aplicar presión digital a un
lado de la articulación, el movimiento del
líquido sinovial se puede detectar en el lado
contrario.
La rodilla se manipula en todo su rango de movimiento,
observando los incrementos o decrementos en la flexión,
extensión, rotación interna y externa,
al igual que la presencia de dolor o crepitación.
La ruptura del ligamento craneal cruzado permite un
incremento en el movimiento de rotación interna
durante la flexión y ocasiona que la rodilla
se aprecie inestable a través de su rango de
movimiento; la crepitación se presenta cuando
existe daño meniscal o enfermedad articular
degenerativa concomitante.
Ruptura del ligamento caudal cruzado
La ruptura del ligamento caudal cruzado representa
menos del 3% de los problemas donde los ligamentos
cruzados se ven involucrados.
Los pacientes que sufren de ruptura del ligamento
caudal cruzado se pueden agrupar en tres categorías
dependiendo del tipo de daño y de la presentación
clínica.
A) Aquellos que presentan lesiones aisladas que afectan
únicamente al ligamento, son por lo general
perros maduros en los que se observa claudicación
inconsistente asociada aun traumatismo ocurrido durante
un periodo de ejercicio y que se exacerba durante
o después de la actividad física. En
la anamnesis es frecuente encontrar que el animal
cayó en un hoyo o se atoró en una cerca
o que presentó un desplazamiento caudal de
la tibia durante el accidente. En ocasiones se observa
efusión articular en casos agudos, a la palpación
se aprecia inestabilidad articular, sin embargo hay
que tomar en cuenta que en muchas ocasiones podemos
juzgar erróneamente el movimiento de la rodilla
y sospechar de un daño ligamentoso sin que
exista realmente. El movimiento de cajón es
evidente a la manipulación de la rodilla; sin
embargo la diferenciación del desplazamiento
caudal con respecto al craneal puede ser difícil.
Para lograr un diagnóstico acertado se requiere
en primer lugar se "sospeche" de esta lesión
y en segundo término reconocer la posición
neutral de la cual la tibia se va a desplazar.
Cuando la articulación se manipula puede parecer
que el desplazamiento de la tibia es craneal, cuando
simplemente está regresando a su posición
normal. Para determinar la naturaleza del desplazamiento
puede ayudar el observar la posición de los
dedos mientras se hace la prueba del movimiento de
cajón. Si el pulgar colocado sobre la cabeza
fibular se aprecia caudal al que está colocado
sobre la fabela lateral, es posible que la tibia efectivamente
este en posición caudal debido a la ruptura
del ligamento caudal cruzado y por lo tanto que el
movimiento craneal de la tibia sea de reducción
a su posición normal. En estas circunstancias
siempre se aprecia una terminación abrupta
del movimiento de cajón, lo que sugiere que
el ligamento craneal cruzado está íntegro
y soporta el diagnóstico de ruptura del ligamento
caudal cruzado. Otras pistas para sospechar de ruptura
de ligamento caudal cruzado son: La depresión
de la tuberosidad tibial con relación a la
patela (comba caudal) e incremento en la inestabilidad
caudal de la rodilla en flexión comparada con
la extensión.
B) Los animales con avulsión del origen femoral
o de la inserción tibial del ligamento caudal
cruzado; generalmente son animales jóvenes
y presentan claudicación persistente. El examen
físico revela dolor a la manipulación,
inflamación e inestabilidad craneocaudal.
C) Pacientes en donde el daño al ligamento
caudal está asociado a otras afecciones y el
daño articular es severo y se observan signos
de inestabilidad que involucran a otras estructuras.
Daño a los meniscos
Podemos sospechar de daño a los meniscos cuando
la claudicación debida a una ruptura de ligamento
persista por más de 15 días o cuando
la recuperación toma semanas o meses después
del daño inicial. Ocasionalmente el propietario
informa de escuchar un "click" cuando el
perro esta caminando, se incorpora o da vuelta: Al
examen físico, además de la inflamación
articular típica podemos encontrar una inflamación
firme en la zona medial entre el cóndilo femoral
y el tibial. En ocasiones el movimiento de cajón
es mínimo debido a la cronicidad, a rupturas
parciales del ligamento o a una posición inicial
desplazada. En ocasiones el médico requiere
"acomodar" la tibia antes de lograr desplazarla
craneal o caudalmente; durante la prueba de cajón
es posible escuchar un "click" o ruido abrupto.
El ruido puede no ser consistente y la rodilla puede
rotarse mientras se flexiona y se extiende la articulación
tratando de reproducir el ruido meniscal. No todos
los "clicks" escuchados corresponden a daño
meniscal y no deben confundirse con crepitaciones
por degeneración articular, suturas quirúrgicas,
osteófitos, etc.
Daño a ligamentos colaterales.
El examen físico es la parte más importante
en el diagnóstico de las lesiones a los ligamentos
colaterales. El daño agudo resulta en claudicación
de grado IV, dolor e inflamación severa. En
casos crónicos el dolor, la inflamación
y la claudicación pueden no ser tan obvios.
En cambio se puede detectar engrosamiento fibroso
difuso de la cápsula articular adyacente al
ligamento dañado, similar a la observada en
los casos crónicos de inestabilidad por ruptura
de los ligamentos cruzados. La palpación simultánea
de ambas rodillas con el paciente en cuadripedestación
nos permite detectar anormalidades al compararlas
en lo referente a conformación e inflamación.
La palpación de la rodilla con el paciente
en posición lateral y relajada, con frecuencia
revela inestabilidad articular. Si el traumatismo
es agudo o si la exploración es dolorosa, puede
necesitarse sedación; determinar el rango de
movimiento articular tanto en flexión, extensión
y rotación, observando las anormalidades que
se presenten así como las angulaciones provocadas
por las posiciones forzadas. Las angulaciones se aprecian
mejor colocando a la articulación de la rodilla
en extensión y evitando movimiento de cajón.
El fémur y la tibia se toman de una manera
similar a la empleada para determinar anormalidades
en los ligamentos cruzados; el fémur se mantiene
en posición mientras que la tibia se fuerza
medial y lateralmente, observando si existe un desplazamiento
mayor a lo normal.
El daño al ligamento colateral medial es mucho
más común que el daño al colateral
lateral. Si el ligamento colateral medial está
afectado se observa inestabilidad en valgus (el aspecto
medial de la articulación se abre y el lateral
se colapsa). La rotación tibial externa se
ve ligeramente incrementada con la rodilla en flexión
y la rotación interna se incrementa con la
rodilla en extensión. En el daño al
ligamento colateral lateral se aprecia inestabilidad
en varus (el aspecto lateral de la articulación
se abre, mientras que el medial se colapsa). Se puede
detectar incremento de la rotación interna
y externa cuando la rodilla está en extensión,
pero disminuye en flexión.
El grado de inestabilidad observada depende de la
extensión del daño a otras estructuras
articulares. Debido a la función estabilizadora
de los ligamentos cruzados y de la cápsula
articular, el daño aislado a los ligamentos
colaterales resulta solo en un ligero incremento en
la angulación en valgus o en varus. Si se detecta
una marcada angulación, se debe sospechar que
existe daño a las estructuras de soporte antes
mencionadas.
Luxación patelar secundaria a
traumatismo.
La luxación traumática aguda puede ser
medial o lateral, se asocia con claudicación
de grado IV y dolor a la manipulación de la
articulación. Esto signos paulatinamente desaparecen
y son muy ligeros en pacientes con luxación
crónica.
Luxación patelar congénita
o del desarrollo
Los signos clínicos asociados a la luxación
congénita varía de acuerdo con el grado
de luxación.
La luxación patelar grado 1 normalmente es
un hallazgo incidental durante un examen físico
de rutina, pero puede causar claudicación después
de ejercicio vigoroso.
La luxación grado 2 ocasiona claudicación
intermitente, asociada con la luxación momentánea
de la patela. La claudicación se resuelve espontáneamente
al reducirse la luxación. El propietario comenta
que el perro claudica ocasionalmente y flexiona el
miembro sin aparentar dolor, posteriormente flexiona
y extiende para continuar caminando normalmente.
En la luxación grado 3 la claudicación
puede ser ligera y no estar presente. Es común
hacer el diagnóstico de la luxación
durante una examen físico de rutina de un perro
viejo que no ha presentado claudicación; aunque
algunos perros presentan claudicación severa
con este grado de claudicación. Esto último
puede estar asociado a la artrosis degenerativa secundaria.
La claudicación aguda en los pacientes que
sufren de luxación patelar crónica puede
estar asociada con la ruptura del ligamento craneal
cruzado. La luxación patelar grado 4 es una
condición severa caracterizada por marcada
rotación interna y curvamiento externo de la
tibia, los perros afectados toman una posición
de "cangrejo", son incapaces de desplazarse
y si lo logran lo hacen con mucha dificultad. Algunos
son completamente inválidos y tienen que ser
cargados por sus propietarios.
La luxación patelar lateral raramente ocurre
en perros de razas pequeñas y puede causar
claudicación y dolor agudo. Con mayor frecuencia
es el resultado de deformidades óseas en perros
de razas grandes o gigantes. La postura de los animales
afectados se aprecia como si estuvieran agachados
y con in desplazamiento torpe. A la palpación
se caracteriza por coxavalga, excesiva anteversión
del cuello femoral, hipoplasia del vasto medial, curvatura
medial del fémur y de la tibia (genu valgum)
y rotación externa de la pata.
Sistema de graduación para determinar el grado
de luxación patelar
Grado 1: La patela se logra luxar medialmente cuando
la rodilla se mantiene en completa extensión,
pero regresa a su posición de reducción
en cuanto se retira la fuerza que ocasionó
la luxación. No se aprecia crepitación
o deformidad ósea. No hay signos clínicos
o ocurren con poca frecuencia.
Grado 2: Existe luxación espontánea,
la patela puede encontrarse fuera de la corredera
troclear y se reduce a la extensión sin signos
aparentes de dolor, sin embargo se aprecia paso de
"cojito". Se observan signos de ligera deformación
consistentes en rotación interna de la tibia
y abducción de la articulación tarsotibial.
Esta condición puede progresar a luxación
grado 3 y presentar erosión cartilaginosa en
las superficies patelar y troclear.
Grado 3: La patela se aprecia permanentemente luxada
pero se puede reducir manualmente, sin embargo al
retirar la fuerza que la redujo a su posición
tiende a reluxarse. Están presentes deformidades
óseas más severas que incluyen: marcada
rotación medial de la tibia y la sigmoide del
fémur distal y de la tibia proximal. Se aprecia
que la corredera troclear esta plana.
Grado 4: La patela se mantiene en posición
luxada no reducible. La tibia está rotada de
60º a 90º en el plano sagital. Se presentan
otras deformidades óseas como las ya mencionadas
en el grado 3.
Técnicas especificas empleadas
en el examen de la rodilla
Movimiento de cajón
El movimiento de cajón es un signo diagnóstico
de la ruptura del ligamento cruzado
La rodilla se toma manteniendo el fémur distal
firmemente con el dedo índice de la mano sobre
la patela y el pulgar por detrás de la fabela
lateral, mientras que la otra mano se coloca con el
dedo índice sobre la cresta tibial y el pulgar
en la parte posterior de la cabeza fibular. El ángulo
de flexión - extensión y el ángulo
de rotación no se deben alterar durante la
manipulación. Mientras una mano mantiene al
fémur estacionario, la otra intenta desplazar
a la tibia cranealmente o caudalmente con respecto
al fémur. El desplazamiento craneal de la tibia
es indicativo de ruptura del ligamento cruzado craneal,
mientras que el desplazamiento caudal determina la
ruptura del ligamento cruzado caudal. Los animales
jóvenes pueden presentar cierta laxitud articular
de forma normal, de cualquier manera siempre se debe
comparar el miembro afectado con el contralateral
observando si presenta una laxitud que va más
allá de lo normal.
Con una ruptura completa se aprecia una terminación
"suave" cuando el movimiento de cajón
es finalmente restringido por los tejidos periarticulares
de una manera poco abrupta. Con rupturas parciales,
inicialmente se aprecia una ligera inestabilidad craneal
seguida de una terminación abrupta del movimiento
debido a que los remanentes del ligamento se tensan.
De igual manera con rupturas parciales el movimiento
de cajón se produce de manera más sencilla
al incrementar la flexión debido a que las
fibras de la banda craneolateral están relajadas
permitiendo el movimiento de cajón, ya que
en posición normal permanecen tensas impidiendo
el desplazamiento craneal de la tibial. En casos crónicos
la laxitud puede estar ausente donde la tibia queda
fija en una posición craneal con respecto al
fémur por el tejido fibroso periarticular que
ha creado cierta estabilidad.
Prueba de compresión tibial
La prueba de compresión tibial se efectúa
colocando el dedo índice de una mano sobre
la cresta tibial, el pulgar sobre la fabela y los
dedos remanentes tomando la parte distal del fémur.
El dedo índice se emplea para ejercer presión
sobre la cresta tibial en una dirección caudal,
mientras que la otra mano y flexiona y extiende el
tarso. Si el ligamento cruzado craneal está
roto, la contracción del garstrocnemio producida
por la flexión del tarso inicia el mecanismo
de la compresión tibial, ocasionando el desplazamiento
craneal de la tibia con respecto del fémur;
pueden ocurrir falsos negativos si existe fibrosis
periarticular. La prueba de la compresión tibial
debe usarse cuando la prueba del movimiento de cajón
es dudosa debido a una técnica inadecuada o
debido al gran tamaño del paciente, esta prueba
es fácil de realizar en perros de raza grande
o gigante donde el miembro es suficientemente largo
para permitir la colocación adecuada de las
manos del examinador.
Si los músculos del muslo se toman en forma
circunferencial se incrementa la estabilidad de la
rodilla y se puede obtener un falso negativo en el
movimiento de cajón. De igual manera la prueba
de la compresión tibial concede al médico
cierta ventaja mecánica sobre todo cuando examina
razas grandes o gigantes.
La prueba del movimiento de cajón o la de la
compresión tibial, son pruebas que determinan
la laxitud de la articulación de la rodilla.
Sin embargo puede existir disparidad entre la laxitud
observada y la funcionalidad de la articulación.
Un perro puede tener una rodilla estable a la manipulación,
pero claudicar debido a una ruptura total o parcial
del ligamento craneal cruzado. Este fenómeno
también ocurre en humanos y se explica bajo
el concepto de la "estabilidad funcional"
que consiste de componentes estáticos y dinámicos.
La estabilidad estática está presente
cuando las fuerzas y la posición de la articulación
son constantes como en la posición de parado.
La estabilidad estática requiere de contracción
muscular activa. La estabilidad dinámica es
aquella que existe cuando las fuerzas y la posición
de la articulación cambian constantemente (ejemplo:
durante el movimiento). La estabilidad funcional se
mantiene por restricciones pasivas y activas. Las
restricciones pasivas consisten en los ligamentos
y la geometría articular, mientras que las
restricciones pasivas están representadas por
los músculos. Durante el movimiento de cajón
se aplica una fuerza relativamente pequeña,
especialmente en relación con pacientes de
razas grandes o gigantes; esta fuerza es mucho menor
que las fuerzas que actúan sobre la articulación
en actividad. Con un desgarre o una ruptura del ligamento
craneal cruzado, parte de las restricciones pasivas
se anulan, pero las restricciones pasivas se mantienen
y dependiendo de la condición física
y del tamaño del paciente, el movimiento de
cajón puede ser negativo mientras que el paciente
continúa sufriendo de laxitud articular durante
la locomoción.
Determinación de luxación
patelar
El paciente se coloca en posición decúbito
lateral con el miembro afectado libre, se toma la
patela con los dedos pulgar, índice y medio
de una mano y con la otra se toma a la tibia colocando
a la articulación femorotibiopatelar inicialmente
en posición neutra y posteriormente en todo
su rango de flexión y extensión evaluando
la presencia de dolor y crepitación durante
estos movimientos. La luxación espontánea
se detecta fácilmente ya que se produce una
sensación de chasquido o de brinco.
Con la articulación en extensión se
toma a la patela como ya se señalo anteriormente
y se presiona tratando de desplazarla medial o lateralmente,
se valora su posición y si esta luxada la posibilidad
de reducción y su estabilidad. En la articulación
normal la patela puede desplazarse ligeramente pero
no se luxa.
Cadera
Displasia de la cadera
Debido a que la claudicación en los miembros
pélvicos no siempre se debe la presencia de
displasia de la cadera, es importante que el clínico
efectúe un examen ortopédico y neurológico
completo y así determinar la causa de la claudicación.
En animales que presentan displasia de la cadera con
frecuencia se observa involucramiento de otras articulaciones
como por ejemplo el codo.
Existe una gran cantidad de condiciones que pueden
confundir al clínico por la semiología
común que presentan al afectar a los miembros
pélvicos como por ejemplo la displasia de la
cadera, ruptura del ligamento cruzado anterior, luxación
de patela, daño a los meniscos, artropatías
degenerativas idiopáticas e inmunomediadas,
etc. En animales jóvenes se presenta la osteocondritis,
la panosteitis, la osteodistroafia hipertrofica, etc.
En lo referente a las patologías neurológicas
encontramos a las discopatías, la inestabilidad
lumbosacra, la mielopatía degenerativa, etc.
Incluso afecciones en otros órganos como la
próstata repercuten en los miembros pélvicos.
Se debe tener en mente que la existencia de un problema
ortopédico único no explica la existencia
de signología neurológica. Por lo tanto
si se presenta un signo de enfermedad neurológica
se debe llegar al diagnóstico antes de atribuir
la semiología existente a una afección
ortopédica.
Luxación coxofemoral
Un animal con luxación coxofemoral, usualmente
se presenta con antecedentes de haber sufrido un traumatismo.
Al examen ortopédico se aprecia claudicación
grado IV y dolor.
Con luxaciones craneodorsales el miembro pélvico
se mantiene en adducción y rotado externamente
(rodilla hacia fuera y articulación tibiotarsiana
hacia adentro). Con las luxaciones ventrales, el miembro
se mantiene en abducción y rotación
interna. Si el paciente es observado desde la parte
caudal, la cadera se aprecia asimétrica debido
al desplazamiento del gran trocánter del miembro
afectado. De igual manera el miembro se aprecia más
corto con luxaciones craneodorsales y más largo
en las ventrales.
La palpación de la articulación coxofemoral
revela crepitación y disminución del
rango de movimiento. En muchos casos el trocánter
mayor ase aprecia desplazado con relación a
la tuberosidad isquiatica y el ala del ilion. Ocasionalmente
la laxitud severa de la articulación coxofemoral
permite luxar la cabeza del fémur en diferentes
direcciones. Los métodos para detectar la luxación
coxofemoral se describen en la sección de técnicas
específicas.
Enfermedad de Legg-Calvé-Perthes
También conocida como necrosis avascular de
la cabeza femoral, se presenta generalmente durante
el primer año de vida usualmente entre los
5 y 8 meses de edad, generalmente en perros de razas
pequeñas. La claudicación varía
en grados pero afecta generalmente a un solo miembro
con una evolución insidiosa de varias semanas;
en algunos perros la presentación puede ser
aguda, pudiendo pasar de seis a ocho semanas donde
la claudicación progresa de intermitente a
continua. Se aprecia atrofia muscular y el dolor es
fácilmente detectable cuando se abduce la articulación
coxofemoral.
El miembro puede observarse acortado con disminución
de su rango de movimiento, principalmente la abducción;
también puede detectarse crepitación
articular. El diagnóstico debe confirmarse
por medio de estudio radiográfico.
Fractura de pelvis
Las fracturas de pelvis no siempre causan deformación
evidente o pérdida total del miembro ipsilateral
al problema. Cuando existe una fractura en cualquier
parte de la pelvis, puede observare deformación
en cualquier otro lugar de la misma debido a su forma
de "caja". La palpación y manipulación
extensiva de la pelvis no son necesarias para determinar
una fractura porque los estudios radiográficos
nos darán la imagen de la misma; sin embargo
se puede determinar la presencia de asimetría
pelviana comparando por palpación la relación
de la cresta iliaca, tuberosidad isquiatica y del
gran trocánter. La posición de estas
tres prominencias óseas nos da información
diagnóstica ya que forman un ángulo
agudo, con el lado largo del ángulo entre la
cresta iliaca y el gran trocánter, y el lado
corto entre el gran trocánter y la tuberosidad
isquiatica. Cuando el gran trocánter es difícil
de palpar y aparece desplazado medialmente y a la
manipulación de la articulación coxofemoral
aparece dolor, crepitación y diminución
de la rotación, podemos suponer que nos enfrentamos
a una fractura acetabular impactada. El desplazamiento
dorsal y craneal del gran trocánter es sugestivo
de luxación coxofemoral concomitante, mientras
que el desplazamiento dorsal único determina
la posibilidad de fractura del cuello femoral, una
separación fiseal de la cabeza femoral o una
combinación de fractura de cuello y/ cabeza
femoral, así como de avulsión del gran
trocánter.
El desplazamiento craneal de la cresta iliaca se presenta
secundario a una luxación sacroiliaca o a fracturas
del sacro. La inestabilidad de la articulación
sacroiliaca se detecta aplicando presión medial
y caudal, observando el desplazamiento en dicha estructura.
La fractura del cuerpo iliaco con desplazamiento craneal
del fragmento caudal acorta la distancia entre la
cresta iliaca y el gran trocánter. La fractura
isquiatica aislada acorta la distancia entre la tuberosidad
isquiatica y el gran trocánter.
La incapacidad de palpar la pared ventral del abdomen
ocurre con la ruptura del tendón prepubico
o fracturas por avulsión del pubis.
Finalmente se realiza la palpación rectal y
si este procedimiento es inusualmente doloroso se
sospecha de fractura del sacro o del acetábulo,
la presencia de sangre en el, dedo del examinador
es evidente el daño rectal.
Técnicas empleadas en el examen
de la cadera
Anormalidades en el paso
La displasia de cadera es bilateral en el 93% de los
casos, por lo tanto las anormalidades en el paso no
son un indicador sensible para el diagnóstico
de esta enfermedad sobre todo en etapas iniciales.
El "paso de conejo" (desplazamiento de los
miembros pélvicos en forma simultánea)
al corre se manifiesta con cierta frecuencia en los
perros afectados pero no se presenta en todos los
casos. Si el perro presenta claudicación uno
de los miembros se verá más afectado
y consecuentemente ocultará los signos del
miembro contralateral. Un hallazgo característico
de la displasia de cadera y de otras patologías
de las articulaciones coxofemorales es el acortamiento
en la longitud del paso debido a la renuencia a extender
la cadera. Esto se debe al dolor producido por la
enfermedad articular degenerativa y por la fibrosis
de la cápsula articular que además limita
el rango de movimiento.
Rango de movimiento
El rango normal de movimiento de la articulación
coxofemoral en perros anestesiados es de 110º.
Con enfermedad articular degenerativa severa y fibrosis
articular el rango de movimiento se puede reducir
tanto como 45º. El médico puede determinar
fácilmente cuando un rango de movimiento esta
reducido. También se puede emplear un goniómetro
para determinar la pérdida progresiva del rango
de movimiento en los casos crónicos. De igual
manera se emplea para definir el pronóstico
así como para la toma de decisiones cuando
se contempla un tratamiento quirúrgico.
Extensión forzada
Muchos perros con displasia de la cadera muestran
dolor a la extensión forzada en una o en ambas
articulaciones coxofemorales. En perros y gatos normales
la extensión se efectúa fácilmente,
mientras que los pacientes afectados muestran dolor,
resistencia a la manipulación, movimiento rápido
hacia una posición de flexión y en algunos
casos vocalización o comportamiento agresivo
en respuesta al dolor.
Presión dorsal sobre los miembros pélvicos
La presión digital sobre el dorso de la pelvis
en el paciente parado puede auxiliar en la detección
de dolor en las articulaciones coxofemorales o lumbosacra.
Con la fuerza que se ejerce sobre el dorso de la pelvis,
los perros afectados clínicamente asumen la
posición de sentados rápidamente sin
oponer mucha resistencia. Los perros normales se resisten
a la presión y en la mayoría de los
casos se mantienen de pie.
Prueba de Ortolani
La prueba de Ortolani se emplea con frecuencia para
determinar la inestabilidad articular coxofemoral.
Ortolani describió inicialmente esta técnica
en 1930 para diagnosticar laxitud articular coxofemoral
en humanos recién nacidos. No se describió
completamente para su uso en veterinaria hasta 1985.
En la mayoría de los casos, se requiere de
la anestesia general para demostrar el signo de Ortolani
adecuadamente. Se puede colocar al paciente en dos
posiciones: en recumbencia lateral o en recumbencia
dorsal. La recumbencia dorsal es preferible para razas
grandes o gigantes, debido a que esta posición
hace más fácil obtener la ventaja mecánica
necesaria para efectuar la prueba.
Con el animal en recumbencia lateral, el miembro se
coloca perpendicular a la columna vertebral, el clínico
toma firmemente la rodilla y la flexiona a 90º.
En la recumbencia dorsal es necesario mantener al
paciente balanceado por un asistente o realizar la
prueba en una mesa de cirugía en forma de "V".
Se aplica una presión firme y constante a través
del axis del fémur hacia las articulaciones
coxofemorales. Esta acción deberá luxar
o subluxar a la cabeza femoral en animales con laxitud
articular. Con la rodilla sujetada firmemente se abduce
la rodilla ligeramente. En perros con laxitud se siente
un "click" al reducir la luxación
y en ocasiones hasta se escucha. Este fenómeno
indica un signo de Ortolani positivo y se crea cuando
la luxación provocada por la presión
axial se reduce repentinamente y la cabeza del fémur
cae nuevamente dentro del acetábulo. Si el
signo no se obtiene, se hacen intentos repetidos hasta
que el clínico este seguro de sus hallazgos.
Con frecuencia durante la maniobra se puede detectar
crepitación lo cual es evidencia del daño
en las superficies articulares así como de
que han ocurrido cambios degenerativos.
Algunos perros con displasia de cadera pueden mostrar
un signo de Ortolani negativo; para esto existen muchas
explicaciones. Primero, puede no existir laxitud articular
debido a la fibrosis articular y periarticular, por
lo tanto la cabeza del fémur no se logra luxar.
Segundo, en algunos animales afectados severamente
existe luxación previa de la cabeza femoral
imposible de reducir. Otras explicaciones incluyen
una técnica inapropiada (no aplicar la suficiente
fuerza para luxar la cabeza femoral) o poca profundidad
anestésica. Por ejemplo la anestesia por medio
de ketamina no provee la suficiente relajación
muscular para efectuar una prueba de Ortolani confiable.
Un signo de Ortolani negativo no necesariamente elimina
a la displasia de cadera como probable diagnóstico,
pero muchos de los casos de perros afectados por laxitud
de la articulación coxofemoral pueden detectarse
por este método.
Signo de Barlow
El signo de Barlow fue descrito inicialmente en la
literatura de la medicina para humanos y es una prueba
adicional en el examen ortopédico que puede
dar al veterinario un indicio de la laxitud coxofemoral.
Esencialmente se efectúa igual que la primera
de la prueba de Ortolani. Aplicando una presión
axial al fémur en dirección de las articulaciones
coxofemorales para producir su luxación como
se describió anteriormente. Poniendo atención
se puede detectar la laxitud coxofemoral con esta
prueba, pero la mayoría de los autores recomienda
completarla hasta efectuar la prueba de Ortolani para
incrementar la confiabilidad en los hallazgos.
Prueba de Barden
La tercera manipulación empleada en el diagnóstico
de la laxitud coxofemoral es la prueba de Barden.
Como en la prueba de Ortolani, en ocasiones se requiere
de la anestesia general. El paciente se posiciona
en recumbencia lateral con el clínico colocado
en la parte posterior. Simultáneamente el dedo
pulgar o índice o incluso la palma de la mano
se coloca sobre el gran trocánter mientras
que la mano libre toma firmemente el muslo y lo desplaza
lateralmente sin abducción. Con práctica,
el clínico puede desarrollar la sensibilidad
para determinar la laxitud articular. En algunos artículos
se señala la existencia de un medidor de Barden
para medir la laxitud de la articulación coxofemoral.
Si el pulgar o el índice colocado sobre el
gran trocánter se desplaza más de medio
centímetro, entonces el diagnóstico
de laxitud de justifica, lo cual indica un signo de
Barden positivo. Esta prueba se emplea en forma preliminar
en cachorros para identificar a los animales potencialmente
displásicos. Sin embargo es necesario tomar
en cuenta los hallazgos en las otras pruebas antes
de mencionar la potencialidad de displasia en un cachorro.
Es posible lograr un signo de Barden positivo aún
en perros aparentemente sanos, debido a que después
de repetidos intentos invariablemente se logra cierto
desplazamiento debido a que la superficie de tensión
que efectúa el líquido sinovial se ha
roto.
Todas las pruebas empleadas para diagnosticar laxitud
articular pueden encontrarla, pero se debe tener en
consideración que la laxitud por si misma no
es indicativa de displasia de cadera. Cuando se pretende
interpretar estas pruebas se deben tener en mente
muchos factores, los más importantes son: (1)
¿existe claudicación? Y (2) ¿los
diagnósticos diferenciales han sido suficientemente
explorados?. Además existen variaciones relacionadas
con la raza y la edad en cantidad de laxitud articular,
la cual puede ser considerada com0o clínicamente
normal si no existe evidencia clínica que demuestre
lo contrario.
La demostración de la laxitud articular solo
es un criterio para determinar el diagnóstico
de la displasia de la cadera. En pediatría
humana, las investigaciones sugieren que el someter
a los niños en forma repetida a la prueba de
Barlow puede hacer a la cápsula articular lo
suficientemente laxa como para dar un diagnóstico
falso positivo. En perros podemos encontrar laxitud
articular en un cachorro y meses después esta
laxitud haber desaparecido y el examen radiográfico
no mostrar evidencias de displasia de cadera.
El estudio radiográfico es el único
método confiable para dar un diagnóstico
definitivo, emitir un pronóstico o observar
las opciones de tratamiento.
Prueba para determinar luxación coxofemoral
La prueba de Barden no se debe confundir con la prueba
para determinar la luxación coxofemoral donde
el pulgar se coloca en la depresión entre el
gran trocánter y la tuberosidad isquiatica.
En esta prueba se coloca al paciente en decúbito
lateral con la articulación afectada libra.
El clínico coloca el pulgar o el índice
en la depresión que se forma entre la parte
posterior del gran trocánter y la anterior
de la tuberosidad isquiatica. El miembro se toma firmemente
por la articulación tarsotibial y se rota externamente.
En el perro normal el dedo colocado en la depresión
se ve forzado a salir por la rotación caudal
del trocánter que disminuye el tamaño
de la depresión, a diferencia de cuando existe
luxación el dedo puede permanecer en la depresión
sin ser afectado por el movimiento caudal del trocánter.
El hecho de que no se observe desplazamiento del dedo
se toma como signo positivo de luxación coxofemoral.
Aunque el clínico determine por esta prueba
la luxación coxofemoral, es indispensable la
toma de un estudio radiográfico para determinar
la luxación y las patologías asociadas
a la misma como por ejemplo fractura en la cabeza
del fémur.
Determinación de la simetría
pelvica
El paciente se coloca en decúbito lateral y
se identifica el ala iliaca, el trocánter mayor
y la tuberosidad isquiatica. Al trazar líneas
imaginarias que unan a cada una de estas estructuras
se forma un triángulo escaleno (lados y ángulos
diferentes) donde el lado más grande corresponde
a la línea trazada entre el ala iliaca y la
tuberosidad isquiatica, seguida por la línea
entre el gran trocánter y el ala iliaca; al
existir luxación craneodorsal la extensión
de la línea y la angulación entre el
trocánter y el ala iliaca y entre el trocánter
y la tuberosidad isquiatica se verían disminuidas
(ángulos más agudos) y en algunos casos
incluso apreciar las estructuras alineadas del ala
iliaca a la tuberosidad isquiatica. En caso de luxación
coxofemoral ventral la línea y la angulación
entre el ala iliaca y el trocánter mayor se
verían aumentados al igual que el lado comprendido
entre el gran trocánter y la tuberosidad isquiatica.
En todos los casos es necesario comparar los resultados
obtenidos contra el lado contralateral.
Fracturas expuestas
Heridas penetrantes a las articulaciones
Una historia de traumatismo siempre acompaña
a toda herida penetrante a las articulaciones. Sin
embargo el incidente causante puede suceder cuando
el animal no esta siendo supervisado. Las heridas
penetrantes a las articulaciones usualmente ocasionan
claudicación aguda de grado IV. Si el diagnóstico
y el tratamiento no se inició en forma precoz,
la claudicación puede disminuir y resolverse
particularmente en las heridas de grado I y empeorar
únicamente cuando se presente la infección.
La articulación sospechosa de estar dañada
debe de palparse buscando efusión y dolor que
sean indicativos de derrame articular. La efusión
sinovial es un hallazgo consistente en heridas articulares
penetrantes en humanos. Las heridas articulares de
grado I con pequeños orificios, pueden no ser
obvias por lo que se requiere rasurar el pelo de la
zona y determinar la presencia de una herida expuesta.
Toda laceración y herida abierta deben ser
examinadas a conciencia para observar si está
presente una comunicación con la articulación.
El líquido sinovial puede exudar de las heridas
que presentan esta comunicación. Si existe
duda de la presencia de una comunicación con
la articulación, se puede inyectar asépticamente
solución salina estéril o lactato de
Ringer dentro de la articulación. El fluido
se extravasará a través de la herida
que se comunica. Este procedimiento solo debe realizarse
después de haber obtenido muestras de líquido
sinovial para su diagnóstico.
Las articulaciones afectadas deben examinarse en su
rango de movimiento para determinar la inestabilidad
o crepitaciones sugestivas de la presencia de daño
a ligamentos o de una fractura.
La inflamación de los tejidos periarticulares
y el incremento localizado de la temperatura, pueden
estar presentes cuando los pacientes se presentan
en etapas crónicas donde se ha establecido
una sépsis. La manipulación de una articulación
séptica provoca generalmente una reacción
de dolor. El edema del miembro y la linfadenopatía
se hará más evidentes conforme la infección
se establece. Los signos sistémicos de infección
como la piréxia, la anorexia y el letargo son
menos consistentes.
Unión demorada y falta de unión
Clínicamente la unión demorada y la
falta de unión se presentan en forma similar.
Existe movimiento en el sitio de fractura. Con la
unión demorada este movimiento generalmente
es doloroso. Con la falta de unión existe mucho
menos dolor a la palpación e incluso algunos
pacientes presentan cierto apoyo debido a la pseudoartrósis
desarrollada. Al apoyo podemos observar deformidad
del miembro con la angulación en el lugar afectado.
En ambas condiciones la funcionalidad del miembro
es inconsistente por lo que se presenta atrofia de
las masas musculares del miembro afectado.
Osteomielitis aguda
La osteomielitis aguda generalmente es secundaria
a la reparación abierta de una fractura y los